lunes, 30 de junio de 2008

Ajedrez y cronopio



Sabido es que a estos seres encantadores les aterran los juegos inciertos, item más los de azar, por lo cuál pareciera paradoja el hecho de que adoren el ajedrez. Pero sólo si su oponente es un esperanza, claro.
Considerárase innecesario añadir que siempre ganan los cronopios. Los esperanzas juegan según la inspiración del momento y muy rara vez la tienen, la inspiración. En cambio, el cronopio adopta desde el principio una estrategia sistemática de veras admirable.
Y ello se debe, según los críticos, a que los cronopios tienen derecho de nacimiento para situarse por encima de las pasiones, incluso cuando se trata de la vida y de la muerte de los seres más queridos.
Y como, además, son los esperanzas, para ellos, para los cronopios, solamente entes, lo cuál entraña un ápice de desdén, el juego del cronopio da frutos sin atender demasiado a las contingencias de la emoción elemental.
Y es por eso que se aburren como filósofos.

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