miércoles, 25 de junio de 2008

Imbécil Convencido (Stultus de Motu Proprio)


“Rara Avis” de esta galería, el Convencido quiere ser reconocido como imbécil. Tal vez no de forma explícita, pero sus actos y palabras nos convencen rápidamente de su intención de ser considerado como tal. Vean si no.
¿Han visto alguna vez un automóvil repleto de lucecitas, de pegatinas, de leyendas tipo “Beber a bordo” o similares, y cosas así? Es absolutamente seguro que uno de ellos va al volante.
¿Han reparado en un sujeto (en el metro, autobús o caminando por la calle) con auriculares que se oyen a cinco metros y que parece Jimmy Hendrix torturando su guitarra? Es, sin duda, otro.
¿Nunca les ha parado por la calle una pareja de pulcros yankees y les ha comenzado a decir: “Una vez, el hermano Smith...” Bien, pues ambos pertenecen a esta categoría. Avisar que es de muy mala educación con estos especímenes NO aguantarse las ganas que a uno le entran de contarles el cuento de Caperucita Roja en inglés, para que lo entiendan. Suelen poner cara de absoluta sorpresa, e incluso se molestan si así se hace.
O, por ventura, ¿nunca se les presentó la ocasión de conocer a alguien que presume de sus conquistas amorosas, con pelos y señales y multitud de detalles que hacen plenamente reconocible a la inconsciente y digna de lástima víctima, sin importar los oídos que pudieran estar escuchando? Bueno, pues otro Convencido ha pasado a engrosar la, desgraciadamente, larga lista.
Se recomienda tratarlos con tacto y buenas maneras hasta que se tenga la ocasión de huir despavoridamente de sus territorios de caza y, así salvar el pellejo o, en el mejor de los casos, salvar la sensatez.

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