Peligroso especímen cuyo hábitat, variado y variopinto, se centra sobre todo en Internet. Puede encontrársele en cualquier parte, pero son especialmente predadores en la Red.
Se le reconoce porque aparece y desaparece de tu vida y de tu no menos importante messenger, con una regularidad merecedora de mejor causa. Suele ser encantador en sus primeros contactos, para pasar a ser Berrendo (véase el apartado correspondiente) así que te descuidas.
Lo es a veces. Imbécil, quiero decir. Y cuando se muestra en su mayor explendor, suele ser, además, contagioso: te entran unas ganas horribles de pagarle con la misma moneda.
Como para hacerte una gracia, su predación favorita consiste en meterse en tu correo y comenzar a enviar cartas horribles a los amigos, con lo cuál te ves en un brete para intentar explicar que tú eres incocente cual pajarillo. Y, bueno, sus excusas para convencerte que te hizo la “gracia” porque sabe que tú eres una persona con gran sentido del humor, sus excusas, digo, son como para llenar el libro gordo de Petete: muestra su imbecilidad pura y cristalina...
La única solución para librarse de él es caparlo, pero comenzando desde las orejas.
Se le reconoce porque aparece y desaparece de tu vida y de tu no menos importante messenger, con una regularidad merecedora de mejor causa. Suele ser encantador en sus primeros contactos, para pasar a ser Berrendo (véase el apartado correspondiente) así que te descuidas.
Lo es a veces. Imbécil, quiero decir. Y cuando se muestra en su mayor explendor, suele ser, además, contagioso: te entran unas ganas horribles de pagarle con la misma moneda.
Como para hacerte una gracia, su predación favorita consiste en meterse en tu correo y comenzar a enviar cartas horribles a los amigos, con lo cuál te ves en un brete para intentar explicar que tú eres incocente cual pajarillo. Y, bueno, sus excusas para convencerte que te hizo la “gracia” porque sabe que tú eres una persona con gran sentido del humor, sus excusas, digo, son como para llenar el libro gordo de Petete: muestra su imbecilidad pura y cristalina...
La única solución para librarse de él es caparlo, pero comenzando desde las orejas.

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