Peligroso y violento especímen cuyas expresiones más usuales comienza con “Te voy a dar...” Reparte de todo: galletas, leches, yoyas, incluso hostias, sin la debida licencia eclesiástica. Pero, en realidad, lo que más dá es pena. Y grima a los que le escuchan. El ejemplar más patético es el conocido como “Padre a veces”.
A este ejemplar suele encontrársele durante los fines de semana, comiendo o cenando en un fast-food, acompañado del retoño de turno, con cara de atrabilioso y modales de australopiteco. Guapito de cara y cuerpo, y jaquetón de ademanes, considera que los hijos son materia exclusiva de las madres, a las cuales abandonan tras el nacimiento de los cachorros, ya que consideran como única meta de sus vidas el sembrar el mundo de indivíduos con sus genes. Gustan de hembras guapitas de cara y cuerpo, y poco avispadas, ya que si fueran avispadas huirían despavoridas nada más él iniciara el acercamiento.
Una vez conseguido su objetivo se separan de la hembra (a ser posible sustituyéndola por otra mucho más joven) y aceptan a regañadientes sus supuestos deberes paternales. Por ello no es nada extraño encontrarlos en los hábitats y compañía más arriba mencionados y utilizando sus expresiones favoritas:
- “Si la bruja de tu madre no te hubiera...”
- “Te voy a dar un par de ...... (rellénese con cualquiera de los objetos repartibles que ya se mencionaron) que te vas a enterar”
Tan patéticos y peligrosos como este especímen son los llamados “Esposo Leñador” (porque reparte leña en casa) o el “Padre Aguilar de Campoo” (por las galletas que suelta a diestro y siniestro), por poner algunos ejemplos de ejemplares malditos.
No se hacen recomendaciones expresas de actuación ante estos ejemplares porque uno, en su humildad, está en contra de la tortura, la flagelación, el colgamiento por los pulgares u otras partes más sensibles de la anatomía de los susodichos, y de la pena de muerte, que si no, se explayara largamente en explicar qué y cómo haría con ellos.

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