viernes, 20 de junio de 2008

Galería de imbéciles - 1

Define el diccionario como “imbécil” a aquel ciudadano que, por mor de una arbitraria clasificación basada en el coeficiente intelectual (C.I. o I.Q.), se halla por debajo del 60% de la capacidad considerada como normal.
Ahora bien, el pueblo, tan rico él en conceptos y sabiduría, tiene como imbéciles a todos aquellos contribuyentes cuyo comportamiento básico no sólo difiere de lo que el juzgador haría, sino que también, en muchos casos, ese comportamiento es objeto de una envidia feroz por parte del apelador juzgante.
Veamos algunos casos tópicos antes de pasar a la clasificación propiamente dicha, y para que se entienda la introducción.
Sea yo mismo el sujeto juzgante. Observo a un ciudadano que conduce su automóvil por una autopista. Intento adelantarle con mi cochecito y él, que conduce un auto mucho más potente, no puede permitir ser adelantado por mi birria de coche, así que acelera bruscamente dejándome con un palmo de narices. Mi jucio de valor es inmediato: “imbécil con síndrome de castración”. Este seria un ejemplo del caso número uno del párrafo dos (nota erudita donde las haya, y que da un aire intelectual a lo que vengo exponiendo...)
Caso dos. Valgan ambos ciudadanos, el juzgante (yo mismo) y el juzgado (el del coche antes mencionado) como protagonistas de este ejemplo. Si el ciudadano juzgado conduce un coche de lujo y va acompañado de una dama totalmente exuberante, el juicio es claro, porque rápidamente pienso: “Mira ese imbécil el coche que lleva, y seguro que la señora le pone los cuernos”. Puede verse claramente la envidia malevolente y el odio africano que en mí despierta, con lo que, creo, queda suficientemente ejemplificado este caso.
Con estos parámetros claramente atípicos y subjetivos se inicia, ahora ya sí, esta Galería de Imbéciles, que espero ilustre al paciente lector.

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