Inofensivo especímen más digno de lástima que de temor es, aún así, recomendable no tenerlo cerca porque es contagioso.
Se le reconoce por su tendencia innata a ayudar a la gente, llevado de su buena fé. Dado que se lo cree todo y no duda en absoluto de la palabra de la gente, resulta sumamente fácil engañarlo, lo cuál, por otra parte y dado su candor, tampoco aporta mayor mérito al engañador (o, más frecuentemente, engañadora). Se le suele encandilar con algunos mimitos y palabras dulces y está que te lame los piés. Así que los pobrecitos míos se llevan cada palo que para qué te voy a contar...
Su hábitat, como puede sospecharse, se encuentra a lo largo y ancho del Camino de Santiago y luce como característica ese olor a misticismo y santidad que da el no lavarse más que cuando llueve, y como llueve tan poco... Ha de señalarse que, aunque se lave, puede desaparecer la mugre y, hasta cierto punto, el olor, pero no su candidez, que conserva y acrecienta con cada paso que da hacia Santiago. No suele ser mal compañero de viaje porque conoce las rutas, leyendas y buenos lugares del Camino, conocimientos éstos que está siempre dispuesto a compartir, y la mayor parte de las veces, pagando él las comidas y los vinos.
Se recomienda dejarlo en su mundo ideal, sin alterarlo demasiado, aceptar sus invitaciones, sobre todo a los vinos, y alejarse sin hacer demasiado ruido, para que no despierte.
Se le reconoce por su tendencia innata a ayudar a la gente, llevado de su buena fé. Dado que se lo cree todo y no duda en absoluto de la palabra de la gente, resulta sumamente fácil engañarlo, lo cuál, por otra parte y dado su candor, tampoco aporta mayor mérito al engañador (o, más frecuentemente, engañadora). Se le suele encandilar con algunos mimitos y palabras dulces y está que te lame los piés. Así que los pobrecitos míos se llevan cada palo que para qué te voy a contar...
Su hábitat, como puede sospecharse, se encuentra a lo largo y ancho del Camino de Santiago y luce como característica ese olor a misticismo y santidad que da el no lavarse más que cuando llueve, y como llueve tan poco... Ha de señalarse que, aunque se lave, puede desaparecer la mugre y, hasta cierto punto, el olor, pero no su candidez, que conserva y acrecienta con cada paso que da hacia Santiago. No suele ser mal compañero de viaje porque conoce las rutas, leyendas y buenos lugares del Camino, conocimientos éstos que está siempre dispuesto a compartir, y la mayor parte de las veces, pagando él las comidas y los vinos.
Se recomienda dejarlo en su mundo ideal, sin alterarlo demasiado, aceptar sus invitaciones, sobre todo a los vinos, y alejarse sin hacer demasiado ruido, para que no despierte.

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