domingo, 29 de junio de 2008

Imbécil Caminador Practicante del Camino de Santiago (Stultus Deambulans Iter Sancti Iacobi)

Inofensivo especímen más digno de lástima que de temor es, aún así, recomendable no tenerlo cerca porque es contagioso.
Se le reconoce por su tendencia innata a ayudar a la gente, llevado de su buena fé. Dado que se lo cree todo y no duda en absoluto de la palabra de la gente, resulta sumamente fácil engañarlo, lo cuál, por otra parte y dado su candor, tampoco aporta mayor mérito al engañador (o, más frecuentemente, engañadora). Se le suele encandilar con algunos mimitos y palabras dulces y está que te lame los piés. Así que los pobrecitos míos se llevan cada palo que para qué te voy a contar...
Su hábitat, como puede sospecharse, se encuentra a lo largo y ancho del Camino de Santiago y luce como característica ese olor a misticismo y santidad que da el no lavarse más que cuando llueve, y como llueve tan poco... Ha de señalarse que, aunque se lave, puede desaparecer la mugre y, hasta cierto punto, el olor, pero no su candidez, que conserva y acrecienta con cada paso que da hacia Santiago. No suele ser mal compañero de viaje porque conoce las rutas, leyendas y buenos lugares del Camino, conocimientos éstos que está siempre dispuesto a compartir, y la mayor parte de las veces, pagando él las comidas y los vinos.
Se recomienda dejarlo en su mundo ideal, sin alterarlo demasiado, aceptar sus invitaciones, sobre todo a los vinos, y alejarse sin hacer demasiado ruido, para que no despierte.

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